Presentación del libro
D
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eseo presentarte
esta pequeña obra, amable lector, para que puedas leerla con la actitud
adecuada. Para esto es necesario que conozcas, al menos someramente, cómo y cuándo surgió la idea,
qué fin perseguimos con su publicación, y por qué hemos elegido este título y
este esquema.
Mi amigo el padre Ariel Folonier suele decirme, cuando ando en algo raro: “Bonnin, la pólvora ya la inventaron los chinos... dejá de inventar cosas”. En este caso, también tendría razón porque existe más de un libro de testimonios sacerdotales. Y fue justamente gracias a uno de ellos que surgió este que tenés hoy en tu mano.
Mi amigo el padre Ariel Folonier suele decirme, cuando ando en algo raro: “Bonnin, la pólvora ya la inventaron los chinos... dejá de inventar cosas”. En este caso, también tendría razón porque existe más de un libro de testimonios sacerdotales. Y fue justamente gracias a uno de ellos que surgió este que tenés hoy en tu mano.
Corría el año 2010 y, a través de internet, supe que
se acababa de publicar un libro titulado “Cien historias de blanco y negro”. La
idea del libro era sencilla: se recogieron relatos de sacerdotes de todo el
mundo, y se eligieron los 100 mejores, para publicarlos justo antes de
finalizar el Año sacerdotal. Durante el retiro de sacerdotes del año siguiente,
durante los almuerzos y cenas, se elegían algunos de estos relatos y se los
leía.
Mi impresión inmediata fue: “historias como estas
suceden todos los días en Paraná... pedimos un relato a cada sacerdote –somos
más de 100– y ya está”.
En septiembre pensé un posible esquema para ordenar esos relatos, y lo propuse a un sacerdote. Pero esa idea no prosperó al principio, se quedó ahí, con un esquema armado pero sin protagonistas ni contenido.
En septiembre pensé un posible esquema para ordenar esos relatos, y lo propuse a un sacerdote. Pero esa idea no prosperó al principio, se quedó ahí, con un esquema armado pero sin protagonistas ni contenido.
Sin embargo, la idea siguió latente. En 2013
comencé a compartir algunas vivencias del ministerio a través de las redes sociales, y pude comprobar cómo
estas sencillas narraciones ayudaban a más de uno a valorar más y a comprender
mejor el misterio del sacerdocio.
“Desempolvé” el esquema, invité a algunos compañeros
y recibí la respuesta del padre Sergio y del padre Germán. Su paciencia ha sido
puesta a prueba en estos meses de redacción.
¿Y por qué
publicamos estos testimonios? ¿Qué nos
mueve a hacerlo? ¿Qué deseamos
que susciten estas líneas?
Hoy se habla mucho de los sacerdotes: algunas veces bien, otras mal. Pero pocas veces somos los sacerdotes quienes hablamos de nosotros mismos. Creemos que la posibilidad de narrar cómo experimentamos este misterio es un aporte valioso porque lo contamos desde un ángulo inaccesible para quien no lo vive.
Hoy se habla mucho de los sacerdotes: algunas veces bien, otras mal. Pero pocas veces somos los sacerdotes quienes hablamos de nosotros mismos. Creemos que la posibilidad de narrar cómo experimentamos este misterio es un aporte valioso porque lo contamos desde un ángulo inaccesible para quien no lo vive.
Nos mueve
un profundo amor al sacerdocio, la felicidad inmensa que sentimos por ser
sacerdotes. Nos mueve también la gratitud a Dios y a la Iglesia, por quienes
somos lo que somos.
Deseamos
que este libro te ayude, querido lector, a valorar más el misterio de la
Iglesia, en el que los sacerdotes tenemos una específica misión. Nos alegraría
mucho que este libro te ayude a sentir al sacerdote de tu parroquia como alguien
cercano, alguien que tiene mucho que ver con Jesús y con vos; alguien que
también es un ser humano de carne y hueso –no un marciano– y puede necesitar
una mano de tu parte; alguien que goza intensamente, pero que también a veces
sufre.
Nos entusiasma
pensar –nos entusiasma mucho– que algún joven de estas tierras entrerrianas o
de tierras lejanas, leyendo estas páginas, se sienta “tocado” por la belleza de
la misión sacerdotal, y se anime a preguntarse: “¿por qué no yo?”. Nos
alegraría también que estas narraciones ayuden a los papás cuyos hijos se consagran a Dios a darse
cuenta de que no pierden un hijo, ni lo entregan a una vida de infelicidad
perpetua. Y que incluso muevan a
algunos esposos jóvenes a rezar pidiendo a Dios: “danos, Señor, un hijo
sacerdote”.
¿Cómo debe leerse esta obra? Nosotros,
lamentablemente, no somos santos, no somos creaturas impecables, ni tenemos un curriculum vitae libre de manchas. Somos
hijos de Adán, pecadores como todos. Por lo tanto, no deben suponer por las narraciones
que compartimos que somos “sacerdotes perfectos”. Nuestros límites y pecados
–insinuados a lo largo de las narraciones– los confiamos a la Misericordia del
Señor. Aquí hemos seleccionado aquellos acontecimientos que creemos
significativos para el resto del pueblo de Dios.
También sería un error pensar: “qué grande estos curas... porque tal otro padre...”. Las historias que narramos ocurren cada día, cerca de tu casa, quizá delante tuyo. Pero la mayor parte de las veces transcurren en la penumbra de la discreción de nuestros hermanos sacerdotes. Nosotros somos testigos de la virtud y el heroísmo de tantos sacerdotes que nunca publicaron un libro, pero que se santificaron integrando sus pequeñas historias en la gran historia de la Salvación. A ellos nuestro más sincero homenaje y gratitud.
Por último, explico brevemente el esquema del libro. Cada uno de nosotros intentó responder a 10 preguntas, sobre 10 temas relativos a la vida y la espiritualidad sacerdotal. Cada uno lo hizo con un estilo diferente, con total libertad: por eso la variedad. No obstante, el libro tiene unidad interior y a la vez una sinfónica diversidad.
Podés leer los 10 testimonios de cada sacerdote, o tomar un mismo tema en los tres, o tomar temas sueltos: de todas formas puede servirte.
Agradecemos de corazón a Editorial Logos, que ha confiado en nosotros. A Monseñor Puiggari, que nos alentó en todo momento. A quienes han colaborado en la corrección de los textos.
Y agradecemos a Nuestra Señora del Cenáculo, Madre de la Iglesia, a quien en su advocación “del Rosario” reconocemos como Madre de nuestro sacerdocio.
También sería un error pensar: “qué grande estos curas... porque tal otro padre...”. Las historias que narramos ocurren cada día, cerca de tu casa, quizá delante tuyo. Pero la mayor parte de las veces transcurren en la penumbra de la discreción de nuestros hermanos sacerdotes. Nosotros somos testigos de la virtud y el heroísmo de tantos sacerdotes que nunca publicaron un libro, pero que se santificaron integrando sus pequeñas historias en la gran historia de la Salvación. A ellos nuestro más sincero homenaje y gratitud.
Por último, explico brevemente el esquema del libro. Cada uno de nosotros intentó responder a 10 preguntas, sobre 10 temas relativos a la vida y la espiritualidad sacerdotal. Cada uno lo hizo con un estilo diferente, con total libertad: por eso la variedad. No obstante, el libro tiene unidad interior y a la vez una sinfónica diversidad.
Podés leer los 10 testimonios de cada sacerdote, o tomar un mismo tema en los tres, o tomar temas sueltos: de todas formas puede servirte.
Agradecemos de corazón a Editorial Logos, que ha confiado en nosotros. A Monseñor Puiggari, que nos alentó en todo momento. A quienes han colaborado en la corrección de los textos.
Y agradecemos a Nuestra Señora del Cenáculo, Madre de la Iglesia, a quien en su advocación “del Rosario” reconocemos como Madre de nuestro sacerdocio.
Paraná,
junio de 2014
Pbro. Leandro Bonnin
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