jueves, 26 de mayo de 2016

Ya podés encontrar todos los textos en el blog


          Te cuento que ya están todos los textos de "El Sacerdocio en primera persona" en este blog.
          He decidido agruparlos en "páginas", que aparecen en los botones de la parte superior (Llamado, Seminario, etc). Allí agrupé el testimonio de los tres que escribimos, en diferente orden, pero siempre aclarando a quién pertenece, y en ocasiones, con algunas imágenes.
          Seguramente habrá algunos retoques en el texto y añadiré algunas imágenes, pero los testimonios ya están completos.
          También podés adquirir el libro en Librería Logos.

         Para acceder más fácilmente (especialmente quienes llegan desde sus teléfonos móviles) dejo aquí los títulos y enlaces de las páginas donde van los capítulos.


          
        
    

          
  
     


miércoles, 25 de mayo de 2016

Presentación del libro

Presentación del libro



eseo presentarte esta pequeña obra, amable lector, para que puedas leerla con la actitud adecuada. Para esto es necesario que conozcas, al menos someramente, cómo y cuándo surgió la idea, qué fin perseguimos con su publicación, y por qué hemos elegido este título y este esquema.
Mi amigo el padre Ariel Folonier suele decirme, cuando ando en algo raro: “Bonnin, la pólvora ya la inventaron los chinos... dejá de inventar cosas”. En este caso, también tendría razón porque existe más de un libro de testimonios sacerdotales. Y fue justamente gracias a uno de ellos que surgió este que tenés hoy en tu mano.
Corría el año 2010 y, a través de internet, supe que se acababa de publicar un libro titulado “Cien historias de blanco y negro”. La idea del libro era sencilla: se recogieron relatos de sacerdotes de todo el mundo, y se eligieron los 100 mejores, para publicarlos justo antes de finalizar el Año sacerdotal. Durante el retiro de sacerdotes del año siguiente, durante los almuerzos y cenas, se elegían algunos de estos relatos y se los leía.
Mi impresión inmediata fue: “historias como estas suceden todos los días en Paraná... pedimos un relato a cada sacerdote –somos más de 100– y ya está”.
En septiembre pensé un posible esquema para ordenar esos relatos, y lo propuse a un sacerdote. Pero esa idea no prosperó al principio, se quedó ahí, con un esquema armado pero sin protagonistas ni contenido.
Sin embargo, la idea siguió latente. En 2013 comencé a compartir algunas vivencias del ministerio a través de las redes sociales, y pude comprobar cómo estas sencillas narraciones ayudaban a más de uno a valorar más y a comprender mejor el misterio del sacerdocio.
“Desempolvé” el esquema, invité a algunos compañeros y recibí la respuesta del padre Sergio y del padre Germán. Su paciencia ha sido puesta a prueba en estos meses de redacción.
¿Y por qué publicamos estos testimonios? ¿Qué nos mueve a hacerlo? ¿Qué deseamos que susciten estas líneas?
Hoy se habla mucho de los sacerdotes: algunas veces bien, otras mal. Pero pocas veces somos los sacerdotes quienes hablamos de nosotros mismos. Creemos que la posibilidad de narrar cómo experimentamos este misterio es un aporte valioso porque lo contamos desde un ángulo inaccesible para quien no lo vive.
Nos mueve un profundo amor al sacerdocio, la felicidad inmensa que sentimos por ser sacerdotes. Nos mueve también la gratitud a Dios y a la Iglesia, por quienes somos lo que somos.
Deseamos que este libro te ayude, querido lector, a valorar más el misterio de la Iglesia, en el que los sacerdotes tenemos una específica misión. Nos alegraría mucho que este libro te ayude a sentir al sacerdote de tu parroquia como alguien cercano, alguien que tiene mucho que ver con Jesús y con vos; alguien que también es un ser humano de carne y hueso –no un marciano– y puede necesitar una mano de tu parte; alguien que goza intensamente, pero que también a veces sufre.
Nos entusiasma pensar –nos entusiasma mucho– que algún joven de estas tierras entrerrianas o de tierras lejanas, leyendo estas páginas, se sienta “tocado” por la belleza de la misión sacerdotal, y se anime a preguntarse: “¿por qué no yo?”. Nos alegraría también que estas narraciones ayuden a los papás cuyos hijos se consagran a Dios a darse cuenta de que no pierden un hijo, ni lo entregan a una vida de infelicidad perpetua. Y que incluso muevan a algunos esposos jóvenes a rezar pidiendo a Dios: “danos, Señor, un hijo sacerdote”.
¿Cómo debe leerse esta obra? Nosotros, lamentablemente, no somos santos, no somos creaturas impecables, ni tenemos un curriculum vitae libre de manchas. Somos hijos de Adán, pecadores como todos. Por lo tanto, no deben suponer por las narraciones que compartimos que somos “sacerdotes perfectos”. Nuestros límites y pecados –insinuados a lo largo de las narraciones– los confiamos a la Misericordia del Señor. Aquí hemos seleccionado aquellos acontecimientos que creemos significativos para el resto del pueblo de Dios.
También sería un error pensar: “qué grande estos curas... porque tal otro padre...”. Las historias que narramos ocurren cada día, cerca de tu casa, quizá delante tuyo. Pero la mayor parte de las veces transcurren en la penumbra de la discreción de nuestros hermanos sacerdotes. Nosotros somos testigos de la virtud y el heroísmo de tantos sacerdotes que nunca publicaron un libro, pero que se santificaron integrando sus pequeñas historias en la gran historia de la Salvación. A ellos nuestro más sincero homenaje y gratitud.
Por último, explico brevemente el esquema del libro. Cada uno de nosotros intentó responder a 10 preguntas, sobre 10 temas relativos a la vida y la espiritualidad sacerdotal. Cada uno lo hizo con un estilo diferente, con total libertad: por eso la variedad. No obstante, el libro tiene unidad interior y a la vez una sinfónica diversidad.
Podés leer los 10 testimonios de cada sacerdote, o tomar un mismo tema en los tres, o tomar temas sueltos: de todas formas puede servirte.
Agradecemos de corazón a Editorial Logos, que ha confiado en nosotros. A Monseñor Puiggari, que nos alentó en todo momento. A quienes han colaborado en la corrección de los textos.
Y agradecemos a Nuestra Señora del Cenáculo, Madre de la Iglesia, a quien en su advocación “del Rosario” reconocemos como Madre de nuestro sacerdocio.
Paraná, junio de 2014


Pbro. Leandro Bonnin

martes, 24 de mayo de 2016

Prólogo de Mons Juan Alberto Puiggari

Prólogo
Nuestro tiempo y nuestra cultura necesitan, cada vez más, de lo testimonial. Al hombre de hoy le cuesta mucho vivir de verdades abstractas: necesita comprobar, con sus vivencias personales, la realidad de lo que se enseña y proclama.
En la actualidad, los medios de comunicación hacen prevalecer los testimonios de vida negativos. De esta forma, crean un escepticismo en el que es imposible una vida virtuosa. Nuestro pueblo fiel se ha sentido muy golpeado por los pecados de nuestros hermanos sacerdotes, que tanto duelen a la Iglesia: “¿Cómo olvidar que nada hace sufrir más a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, que los pecados de sus pastores, sobre todo de aquellos que se convierten en “ladrones de ovejas” (Juan 10, 1 y ss.), ya sea porque las desvían con sus doctrinas privadas, ya sea porque las atan con los lazos del pecado y de muerte?”(Benedicto XVI).
Esta situación nos duele y nos exige, a todos los sacerdotes, la obligación de conversión y de oración. Somos nosotros quienes sufrimos más que nadie por nuestros hermanos sacerdotes que han cometido pecados y delitos tan graves.
Pero también es cierto que hay muchos sacerdotes silenciosos, a quienes los grandes medios de comunicación no les prestansu tribuna. Son lo que podríamos llamar la mayoría silenciosa del clero. Ellos son sacerdotes fieles a su vocación, entregados a Dios y a sus hermanos, los hombres. Son aquellos que quieren sentirse cercanos al pueblo de Dios, quienes se muestran como son: “seres humanos de carne y hueso” que intentan imitar a Jesús en misericordia, amor y generosidad. Todos los días celebran la Misa y los demás sacramentos procurando hacerlo con auténtico amor de Dios, trabajan por el crecimiento de la fe de sus hermanos, están cerca de los enfermos, de los pobres, de los más necesitados y consumen su vida, día tras día y año tras año, silenciosamente, sin pensar en sí mismos (a pesar de que muchas veces padecen sufrimientos); muchos, muchísimos, llevan décadas haciéndolo. Nunca han pedido nada a cambio por ello y trabajan con abnegación.
Estos sacerdotes no son perfectos, tienen limitaciones. Pero ¿quién no las tiene? Luchan sinceramente por ser perfectos, pero ¿podemos encontrar a alguien sin defectos, salvo al Señor y a su Santísima Madre? Deploran los pecados de los hombres, sean sacerdotes o no, pero a ellos, que son la mayoría del clero, este dolor los ha unido más al Señor porque recuerdan el amor de elección de Jesús hacia cada uno de ellos.
Por eso valoro el esfuerzo de quienes llevaron a cabo “El sacerdocio en primera persona”, libro que sólo tiene la intención de mostrar cómo este grupo de sacerdotes, ejemplo de la gran mayoría, vive su vocación: con un profundo amor al sacerdocio y a la Iglesia.

Mayo de 2014
Monseñor Juan Alberto Puiggari
Arzobispo de Paraná

Presentación del blog

     

    Hace ya casi dos años, pudimos concretar el proyecto de publicar una serie de testimonios sacerdotales. Junto al padre Sergio Hayy y Germán Brusa, y también gracias a la confianza de "Ediciones Logos", el libro salió a la luz en septiembre de 2014.
     Gracias a Dios, hemos recibido muy lindos testimonios de los que han leído "El Sacerdocio en Primera Persona", incluso desde otros puntos del país y de personas que no nos conocían "en vivo".
     Me parece oportuno en este momento poner a disposición de todos los lectores los testimonios, para que sean más los que puedan conocer cómo se vive esta experiencia "desde adentro".
     Iré publicando los diferentes testimonios, tal vez uno por semana. Seguiré el orden en el cual aparecen en el libro,
     Espero poder ayudar a los lectores a conocer un poco más y valorar el inmenso don del sacerdocio, que llevamos "en vasijas de barro".